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| 14.11.2008 |
| Señor Tabaré: |
He leído el documento con el que usted veta la voluntad popular de su país, expresada en una decisión parlamentaria. Soy paraguaya, así que quizás piense que no siendo ciudadana de su país no debería opinar sobre lo que allí sucede. Pero soy una mujer y me indigna que un solo hombre, usted, se atreva a decidir si las mujeres uruguayas deben abortar o no. Es muy grave, porque no conforme usted con los siglos de injusticia y discriminación hacia las mujeres, quienes han muerto por miles debido a la hipocresía del poder social que dice defender la vida cuando en realidad defiende un barniz moral, usted ha decretado, con una sola firma, la extensión de este estado de cosas para las mujeres. Me afecta además porque, siendo mujer, toda ley que establezca medidas injustas sobre las mujeres representa un orden social que, como feminista, deseo que cambie.
Usted nunca entenderá a una mujer que decide abortar. Usted no tiene cuerpo de mujer. Lo mínimo que debería haber hecho es no decir nada sobre lo que las mujeres deben o no hacer, o dejar que la ley admita que las mismas mujeres decidan. Usted no puede prohibir el aborto, sólo puede obligar a que miles de mujeres sigan abortando en la clandestinidad, como si fueran criminales. Las mujeres lo seguirán haciendo, porque más allá de las leyes penalizadoras del aborto, siempre lo han hecho cuando quisieron. Se trata de una rebeldía silenciosa y clandestina, sobre la que de a poco las sociedades y las mujeres hemos aprendido a hablar. No crea usted que vetará la voluntad de las mujeres de abortar o no abortar. Su poder, coyuntural, no le da para eso.
Atentamente,
Clyde Soto
Asunción, Paraguay |
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