Una historia sobre el aborto
Autor: Beau Voir

Llegué a emergencias gritando de dolor, contracciones que golpeaban mi vientre al compás de una marcha fúnebre, desde hacía ya tres horas. Me llevó mi hermana a las 3 de la madrugada a la policlínica de La paloma. Demoraron en abrir la puerta, luego al recibirnos una enfermera, me pidió que no gritara, me pidió los datos dos veces, llamó al doctor que apareció entre dormido y el doctor me preguntó los datos nuevamente. Me preguntaron qué me pasaba y yo les dije que me había practicado un aborto en mi casa, con dos pastillas que por vía vaginal introduje lo más cerca posible de mi útero. La enfermera nos dio una charla moralista, siendo discriminadas ambas por ser solteras y no tener hijos. Paso una hora antes de que me dieran un calmante y dos hasta que me trasladaran al hospital de Rocha.
Finalmente pase 36 hs en el hospital internada, en el intermedio se me practico un legrado. Logré lo que quería, me costó cinco horas de un inmenso dolor físico, el que una vez superado y a los días, le sobrevino el dolor de un inesperado duelo, el de un vacío inmenso, el peso eterno de mi arrepentimiento.
Ya pasaron 20 días desde esa noche en que tomé las pastillas. Me preocupe por reflexionar mucho sobre todo y ser lo más honesta posible conmigo misma. Y en ello he buscado las causas de tal decisión, las mismas están arraigadas en la historia de mi familia, en mi educación y contexto socio cultural, en la situación concreta y la ausencia y abandono que sufrí por parte de mi compañero. Todas esas causa validan mi decisión desde lo complejo humano. Hace 10 días yo sabía que estaba arrepentida y sabía que la decisión que había tomado era objetivamente práctica e inteligente. Ambas nociones son tan ciertas como contradictorias. Es que en estas historias la paradoja se instala y se refleja claramente lo complejo y sutil del vivir. Hoy encuentro que el arrepentimiento me deja presa y no me deja evolucionar, por eso debo soltarlo, yo sufrí desde dos lugares: la falta de asistencia inicial para el aborto y la del arrepentimiento posterior; hoy debo dejar éste último para asumir y continuar viviendo, me asumo desde el equívoco humano y no desde el deber ser dogmático. Llevo también mi culpa y responsabilidad no arrastras, sino sujeto bien fuerte en el pecho, no para caer en un automatismo del flagelo, sino para saber muy bien la existencia de ese vació y su causa; la del deber llenarlo con toda oportunidad que me de la vida, en un impulso de multiplicar la riqueza del conocimiento y del haber vivido, para luego dar y no repetir historias.
Tengo 30 años, soy de Montevideo, hace dos años que vivo en la costa de Rocha por opción propia, trabajo en lo que me gusta. Reprobaba el aborto porque no sabía del universo particular desde el que toma la decisión la mujer. Aborte a los dos meses de embarazo, luego lloré desconsolada por la pérdida de mi bebé, sufrí el arrepentimiento pero sé ahora también que a la hora de tomar la decisión sufrí muchas cosas: que estaba sumida en el miedo y la incertidumbre, que no supe pedir ayuda, que sentí que una mujer con hijo soltera es molesto para la sociedad, que fui frágil frente a la violencia del abandono, que escondí mi estado.
El realizar una práctica de este tipo en soledad y en desconocimiento de muchas cosas es muy fuerte, muy duro – sepan que hay que estar desesperada para hacerlo, ese fue mi caso. Pero ya no sólo la práctica debe ser institucionalizada, sino que debe de existir un programa de contención a la mujer que no sabe qué hacer, un programa que acompañe a la mujer antes de tomar la decisión y que le permita tomar esa decisión en uso completo de sus facultades emocionales. Y afirmar esa política para todo el país; porque la mujer del interior queda siempre mucho más desprotegida aún; así lo viví.
El miedo es un gran detentor de esa decisión – en muchos casos –, la decisión de seguir adelante con un embarazo o no. La mujer está sola y la sociedad debe ya acercarse, ser benefactora y no generar estigmas, porque en el ser benefactora es suprema, afirma la libertad, la unicidad y aceptación del ser y termina por afirmar la vida. El estigma condena y afirma la muerte. En mi experiencia creo que una de las metas claves es erradicar el aborto como tema tabú, debe ser internalizado por la sociedad para que así se puedan generar todas las herramientas para que esa práctica sea cada vez menor y se dé en mejores condiciones y ya no sólo técnicas. Mi granito de arena por ahora es escribir, ojalá algún día algo de esto quede reflejado en nuevas políticas.
Septiembre 2010
Mientras yo estaba internada, mi hermana escribió en el baño del hospital de Rocha en ginecología; aquí comparto la foto que saque luego de unas semanas. Seguirá estando hasta que reciban presupuesto para pintar las instalaciones nuevamente.
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